Clara Celinda Mosquera Vasquez

Thursday, July 07, 2005

LA NIÑA DE NUESTROS OJOS

En la vida diaria cuando utilizamos esta frase nos referimos a algo que tiene mucha importancia para nosotros, quizá lo más preciado, lo que no se puede perder, lo que tenemos que salvaguardar. En el caso de los Magistrados y litigantes la “niña de nuestros ojos” no es otra cosa más que la independencia del Poder Judicial.

Señalemos en principio que el sentido de la independencia judicial, a decir del Magistrado y profesor universitario José Castán Tobeñas, consiste en el hecho que los Tribunales en sus sentencias y demás actuaciones deben atenerse a la ley y a sus propias convicciones, es decir, el Juez sólo está sometido a la ley, sin interferencias internas ni externas de ninguna naturaleza.

En ese sentido, la independencia de los jueces debe ser entendida como la facultad que tenemos para en el marco de la ley resolver conflictos con la más absoluta imparcialidad, al margen o por encima de las presiones internas, es decir, las que pueden provenir del interior del mismo Poder Judicial, o externas, que puedan provenir de los demás poderes.

Se trata pues de una garantía de la administración de justicia y un derecho de los justiciables de que sus procesos sean tratados con una óptica imparcial. Ello repercute en la confianza de los ciudadanos en el Poder Judicial. Un Juez está pues en la obligación de aplicar la ley con objetividad, sin hacer distingos entre los litigantes, olvidando lazos familiares o amicales. Por ello algunos autores no dudan en afirmar que la solidez de un sistema jurídico depende del grado de independencia e imparcialidad de sus jueces.

Pero ¿cómo lograr la tan ansiada independencia judicial? A decir de varios especialistas para lograr que nuestros jueces sean independientes hay que incidir en determinados temas como por ejemplo que la elección de los jueces esté exenta de influencia política y que sólo se elija a los mejor preparados, académica y profesionalmente y con una sólida moral.

Un segundo punto tiene que ver con la eliminación de la provisionalidad de los Magistrados, lo que los hace susceptibles en muchos casos a ser influidos por el poder político de turno, tal como aconteció en la década pasada.

Otro tema que merece atención es el que se garantice la inamovilidad del Magistrado de su cargo, la permanencia en su puesto y en las funciones para las cuales ha sido designado; ello obviamente se refiere a los cambios arbitrarios, pues nada impide que con el consentimiento del Magistrado o por disposición de la ley éste pueda ser trasladado.

Se afirma también que la independencia de un Magistrado está garantizada por el hecho de percibir una remuneración acorde con el delicado trabajo que realizan, ello impediría que el Magistrado ceda a presiones de carácter económico, así pues una independencia económica garantiza una independencia jurisdiccional.

Finalmente, pero no por eso menos importante, está el tema del autogobierno del Poder Judicial, en otras palabras, que sea este poder del Estado el que se dirija y controle a sí mismo, sin la intervención de los otros poderes del Estado.

Debemos reconocer que en nuestro país se han dado grandes pasos para lograr la tan ansiada independencia judicial sin embargo aún hay mucho por trabajar en ese punto, no olvidemos que es un tema de vital importancia pues finalmente como bien se afirma, la solidez de un sistema jurídico depende del grado de independencia e imparcialidad de sus jueces.

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